¿Qué me diferencia principalmente a mí de un bartleby cualquiera y me hace un bartleby frustrado? El deseo de escribir que, a veces, se convierte en una verdadera necesidad. Hay momentos en que, por un impulso irremediable de sacar esos sentimientos en forma de palabras que llevo dentro, o por simple obligación de hacer algo, casi improvisando. Esto me ha llevado a escribir algo de pseudo-poesía. No es poesía porque no sigue ningún tipo de métrica, ni la rima ni el número de sílabas están trabajados (y si lo están yo nunca le he prestado suficiente atención), cualquier parecido con una estrofa clásica sería mera casualidad. Por eso llamo rimas a lo que escribo... y me gustaría poneros una aquí para que me dieseis vuestra opinión. La temática, como la poesía impulsiva suele ser cuando se empieza, es romántica.
No puedo dejar de pensar en ese día,
en esa tarde soleada,
tranquila y agradable
en que no teníamos que hacer ya nada,
sonreiste y me cogiste de la mano,
segura y confiada,
yo te abracé ligeramente,
mi pecho tu espalda tocaba;
paramos en un sitio cómodo, solitario,
genial para una buena charla.
Hablamos de todo, de cualquier cosa,
en realidad de nada...
no sé, la verdad
es que sólo recuerdo tu mirada.
Tú me querías te sentías
alegre y enamorada,
te apoyaste en mí, nos abrazamos...
y esa imagen se quedó grabada
a fuego en mi cabeza. Yo era feliz
y tú lo estabas.
Traté de absorberlo todo,
el lugar, la temperatura,
la posición y el gesto de tu cara,
el sol, la luna, tu ropa...
pero nada importaba,
solos tú y yo, el resto sobraba.
Ya no recuerdo cómo ibas vestida,
ni importaba tu edad exacta,
daba igual qué día fuera,
las vistas o el color de tu falda,
¿Qué más daba si estábamos en la calle
o en la playa,
si con frío
o morena y aún mojada,
si era una noche romántica
o una peli en tu casa?
Importaba que me abrazabas
y estabas enamorada.
Deseé que ese abrazo, que ese amor
nunca acabara,
que el tiempo se parase
y así se quedara,
tú siempre conmigo,
siempre abrazada.
Recuéstate en mi pecho,
siéntete mimada,
tu mano rozando la mía,
tu sonrisa iluminando mi cara,
sin tiempo, ni espacio,
ni brisa ni nada,
ni guapos ni feos, sin cuerpo,
tu alma junto a mi alma,
sin futuro ni pasado,
sólo tú a mí pegada...
fuerte, fuerte, fuerte,
no me sueltes por nada,
sé que ahora me quieres...
no sé qué será mañana,
mi pecho será otro pecho
y la misma tu mirada,
yo todavía triste
y tú otra vez enamorada.
No aguanto que tu sonrisa al verme
ahora feliz, ingenua y alocada,
algún día, con el tiempo,
pudiera estar apagada.
¡Grita, grita, grita, grita, grita!
Que se pare el tiempo
y no suenen las campanas,
que no cambien los sentimientos
y el frío no congele tu mirada,
que se paren el cielo y la Tierra
en un lugar entre mi amor y tu alma.
1 comentario:
No se quien dijo el otro día en clase que a uno le gusta más un regalo de un relato original que le haga sorprenderse, en vez de un poema de amor. Cuando lo escuché pensé que sí que es cierto que el factor sorpresa de algo original hace que uno juegue con ventaja. Después de leer tu poema no estoy ya tan segura. Creo que si la persona con la que viviste ese instante concreto te leyera, entendería miles de cosas que yo no entiendo, porque se crea un vínculo especial entre dos, y eso no se puede equiparar a nada. Al lado de esto, la originalidad es banal.
Me ha encantado, es un poema muy sincero y entrañable. Es tu "yo" y eso no es malo, porque al leerlo, uno que está al margen de todo, imagina lo que pudo haber pasado y lo que fue ese instante. Porque no es un "yo" incomprensible, ahí los lectores se pueden sentir identificados por haber vivido o sentido algo parecido. Es un poema para enamorarse!!!!
Publicar un comentario