Diario de un Bartleby frustrado
domingo, 21 de julio de 2013
¿Adónde van?
miércoles, 17 de julio de 2013
Mis queridos ciervos y la belleza
domingo, 8 de abril de 2012
El destierro de las palabras malditas
martes, 22 de enero de 2008
Guión del curso de verano
Bueno, sé que es tarde para ponerlo aquí, pero lo he recordado esta mañana y he pensado que era una buena forma de recordaros que estoy un poco mal de la cabeza a los que aún visitáis esto de vez en vez o de cuando en cuando. Es un texto muy largo, pero se lee muy rápido.
Carlos, un hombre de unos 20 años, vestido todo de negro con una gorra también negra y unas gafas oscuras, con el único toque claro de unas llamativas zapatillas Nike blancas de último modelo, se encuentra en la terminal 4 del aeropuerto de Barajas, está nervioso y se mueve mucho, mira a todos lados de forma sospechosa. Juan, vestido igual que él, llega andando deprisa a su lado, sus zapatillas, en cambio, son oscuras.
JUAN
Oye, Carlos.
CARLOS
¡Águila roja, JUAN, llámame águila roja!
JUAN
Perdona, águila roja. El caso es que...
CARLOS
Preséntate como es debido, coño, que nos jugamos mucho.
JUAN
Colibrí naranja se presenta.
CARLOS
Eso es, JUAN, parece que empezamos a entendernos.
JUAN
Pasar pistolas imposible.
CARLOS
¡No jodas, colibrí naranja! Todo el plan se nos va al garete.
JUAN
La pasma está por todos lados, y nuestros escudos de bronce no parecen hacer efecto.
CARLOS
¿Y eso cómo lo sabes?
JUAN
Porque cuando he intentado pasar, esa máquina a empezado a pitar como una loca.
CARLOS
¿Qué dices, colibrí... naranja? ¿Y qué has hecho?
JUAN
Correr, ¿Qué iba a hacer, águila roja? Pero creo que los he despistado.
CARLOS
(mirando sospechosamente a todos lados)
Tenemos un problema, repito, tenemos un problema.
JUAN
¿Qué vamos a hacer? ¿Qué vamos a hacer? Nunca debimos aceptar esta misión especial, águila roja.
CARLOS
¡Calla! No me dejas pensar. Ya deben de estar buscándonos
(da una vuelta muy torpe sobre si mismo)
Dispersión, JUAN, dispersión. Tenemos que deshacernos de las pistolas.
JUAN
¿Y qué hacemos con ellas?
CARLOS
¡Somos profesionales, tío! Yo que sé... a mí no me metas en tus líos.
CARLOS se separa de JUAN y se aleja deprisa, en su camino ve a unos policías y caminando, mirando hacia otro lado, echándoles una mirada furtiva, logra sentarse junto a un joven de 19 años, JESÚS, un chico bajito, de 1.69 m. pero extraordinariamente guapo, con un pañuelo blanco atado a la cabeza de forma sexy.
CARLOS
¡Oye, tú!
JESÚS pensando que no le hablan a él, no responde.
CARLOS
¡Oye, muchacho!
JESÚS le mira y le evalúa con la mirada como si no estuviese a su altura.
JESÚS
¿Querías algo?
CARLOS
Tú... tú no vas armado, ¿verdad?
JESÜS
¿A ti te parece que me haga falta?
CARLOS
(admirando sorprendido su increíble musculatura)
Ya veo que no... pero... yo que sé... hoy en día hay que ir protegido para todo. ¿Qué pasa si vienen unos tíos a robarte la cartera?
JESÚS
No creo que vinieran a por mí.
CARLOS
¿Y si lo hicieran?
JESÚS
Soy un tipo pacífico... les daría lo que tengo, que no es demasiado.
CARLOS
¿En serio?
JESÚS
Sí, tío, yo creo en la paz.
(se golpea el pecho con el puño derecho)
CARLOS
Ya... entonces las pistolas no te gustan, ¿o qué?
JESÚS
Depende.
CARLOS
¿De que depende?
JESÚS
El tamaño importa.
CARLOS
Ya... ¿y ésta te gusta?
(saca una pistola del bolsillo, es pequeña)
JESÚS
¿Es de verdad?
CARLOS
Sí, coño... ¿quieres tocarla?
JESÚS
¿Que si quiero tocarla?
CARLOS
Que si quieres tocarla.
JESÚS
Vale, vale, como quieras.
(acerca la mano al bolsillo de su pantalón negro)
CARLOS
Ten cuidado, que es muy sensible.
JESÚS
Sí, tiene un buen tacto.
Un hombre sentado justo detrás de ellos se levanta de su asiento, lleva a un niño pequeño cogido de su mano, está llorando.
HOMBRE 1
¡Sois unos degenerados!
CARLOS
¡No es lo que parece!
HOMBRES 1
Claro que lo es. ¡En un aeropuerto...!
CARLOS se pone nervioso mientras el hombre se aleja arrastrando al niño.
CARLOS
¿Qué, te la quedas?
JESÚS
No... no creo. Ya te he dicho que soy pacífico y no nos gustan las pistolitas.
CARLOS
Tío, tío, tío, tío... ¿la paz? Tú sacas un arma y tienes paz... por eso llevo una. Si pegas un par de tiros y montas un poco de bulla, todo el mundo te respeta y tienes tu paz. ¿Sabes? Tú necesitas paz y aquí no hay paz, no hay nada de paz, ¿no lo ves?
JESÚS
¿Crees que no hay paz?
CARLOS
No, tío, nada de paz... la gente pasa de la gente, ¿no lo ves? Eso no es paz, joder. Mi colega el colibrí naranja y yo íbamos a imponer algo de paz ahora mismo pero tú lo necesitas más que yo.
JESÚS
Yo sólo quiero paz, amigo.
CARLOS
Eres un visionario. Un visionario. Mira, te la regalo. Es tuya.
JESÚS
¿No la quieres?
CARLOS
Que va, ya no, ya no.
JESÚS
Mi amigo el tucán desplumado estará encantado de saberlo. Mira, ahí viene.
Un chico de 20 años, también muy guapo, pero no tanto como JESÚS, ataviado como él con un pañuelo en la cabeza, se acerca a ellos. JESÚS coge la pistola de CARLOS con decisión y se la enseña al tucán desplumado.
JESÚS
Mira el juguetito que nos ha regalado este hombre.
TUCÁN DESPLUMADO
Todo vale por la paz, oso amoroso.
CARLOS se levanta acojonado y se va del lugar, mirando sospechosamente en todas direcciones.
El TUCÁN DESPLUMADO y JESÚS (alias OSO AMOROSO) se levantan de sus asientos con una pistolita y tres revólveres, dando tiros al aire.
JESÚS
¡Haya paz! ¡Haya paz! ¡Todos al suelo!
jueves, 27 de diciembre de 2007
Autorretrato
calando mi corazón
de la soledad que desarma,
de la que cae hacia dentro
y evita el chillido de la alarma.
Por fuera: apatía, cansancio,
ira y, sobre todo, desgana.
Se ha alejado la princesa
que un día besó a esta rana
y la transformó en principe,
la amó y la hizo sentirse en casa;
ahora vuelve al estanque,
a croar sola en una rama,
a cantar por la princesita
que la hizo sentirse humana.
Triste historia ésta
de la pobre rana,
que soñó con ser principe
y ya no puede soñar con nada.
Escribo, luego existo
bolígrafo en mano,
escribo, luego existo.
Mi vida, muchas historias,
cosas que contar...
y sentir,
y el enorme deseo de expresarlo todo,
de exteriorizarlo.
Existo... luego escribo.
Muchas páginas,
mucha gente,
verdades absolutas
y verdades retocadas,
un amor, una imagen
y más de mil palabras.
Recuerdos buenos
y algunos muy malos.
Un pasado,
letra desgarrada
y varios tachones,
cosas que borrar
y memorias imborrables.
Las mejores páginas de mi vida,
mi amor, mi niña,
las mejores,
aún están en blanco,
o lo estarían...
si tan sólo volvieras a mi lado.
domingo, 16 de septiembre de 2007
Supongamos...
Supongamos que sólo somos jugadores.
Supongamos que podemos ganar...
que podemos perder.
Supongamos que sólo importan los resultados,
que no importa lo que hagas, sino lo que consigas.
Supongamos que triunfa el más fuerte.
Supongamos que hay unas reglas de las que no nos podemos salir.
Supongamos que un beso bajo la lluvia es sólo la amenaza de un constipado.
Supongamos que todo es una competición... el trabajo, la amistad, cada hobbie, el amor...
Entonces... si la vida es un juego...
¿Dónde queda la luna llena?
