martes, 22 de enero de 2008

Guión del curso de verano

Bueno, sé que es tarde para ponerlo aquí, pero lo he recordado esta mañana y he pensado que era una buena forma de recordaros que estoy un poco mal de la cabeza a los que aún visitáis esto de vez en vez o de cuando en cuando. Es un texto muy largo, pero se lee muy rápido.


Carlos, un hombre de unos 20 años, vestido todo de negro con una gorra también negra y unas gafas oscuras, con el único toque claro de unas llamativas zapatillas Nike blancas de último modelo, se encuentra en la terminal 4 del aeropuerto de Barajas, está nervioso y se mueve mucho, mira a todos lados de forma sospechosa. Juan, vestido igual que él, llega andando deprisa a su lado, sus zapatillas, en cambio, son oscuras.

JUAN

Oye, Carlos.

CARLOS

¡Águila roja, JUAN, llámame águila roja!

JUAN

Perdona, águila roja. El caso es que...

CARLOS

Preséntate como es debido, coño, que nos jugamos mucho.

JUAN

Colibrí naranja se presenta.

CARLOS

Eso es, JUAN, parece que empezamos a entendernos.

JUAN

Pasar pistolas imposible.

CARLOS
¡No jodas, colibrí naranja! Todo el plan se nos va al garete.

JUAN
La pasma está por todos lados, y nuestros escudos de bronce no parecen hacer efecto.

CARLOS

¿Y eso cómo lo sabes?

JUAN

Porque cuando he intentado pasar, esa máquina a empezado a pitar como una loca.

CARLOS

¿Qué dices, colibrí... naranja? ¿Y qué has hecho?

JUAN

Correr, ¿Qué iba a hacer, águila roja? Pero creo que los he despistado.

CARLOS

(mirando sospechosamente a todos lados)

Tenemos un problema, repito, tenemos un problema.

JUAN

¿Qué vamos a hacer? ¿Qué vamos a hacer? Nunca debimos aceptar esta misión especial, águila roja.

CARLOS

¡Calla! No me dejas pensar. Ya deben de estar buscándonos

(da una vuelta muy torpe sobre si mismo)

Dispersión, JUAN, dispersión. Tenemos que deshacernos de las pistolas.

JUAN

¿Y qué hacemos con ellas?

CARLOS

¡Somos profesionales, tío! Yo que sé... a mí no me metas en tus líos.

CARLOS se separa de JUAN y se aleja deprisa, en su camino ve a unos policías y caminando, mirando hacia otro lado, echándoles una mirada furtiva, logra sentarse junto a un joven de 19 años, JESÚS, un chico bajito, de 1.69 m. pero extraordinariamente guapo, con un pañuelo blanco atado a la cabeza de forma sexy.

CARLOS

¡Oye, tú!

JESÚS pensando que no le hablan a él, no responde.

CARLOS
¡Oye, muchacho!

JESÚS le mira y le evalúa con la mirada como si no estuviese a su altura.

JESÚS

¿Querías algo?

CARLOS
Tú... tú no vas armado, ¿verdad?

JESÜS
¿A ti te parece que me haga falta?

CARLOS

(admirando sorprendido su increíble musculatura)

Ya veo que no... pero... yo que sé... hoy en día hay que ir protegido para todo. ¿Qué pasa si vienen unos tíos a robarte la cartera?

JESÚS

No creo que vinieran a por mí.

CARLOS

¿Y si lo hicieran?

JESÚS

Soy un tipo pacífico... les daría lo que tengo, que no es demasiado.

CARLOS

¿En serio?

JESÚS

Sí, tío, yo creo en la paz.

(se golpea el pecho con el puño derecho)

CARLOS

Ya... entonces las pistolas no te gustan, ¿o qué?

JESÚS

Depende.

CARLOS

¿De que depende?

JESÚS

El tamaño importa.

CARLOS
Ya... ¿y ésta te gusta?

(saca una pistola del bolsillo, es pequeña)

JESÚS

¿Es de verdad?

CARLOS

Sí, coño... ¿quieres tocarla?

JESÚS

¿Que si quiero tocarla?

CARLOS

Que si quieres tocarla.

JESÚS

Vale, vale, como quieras.

(acerca la mano al bolsillo de su pantalón negro)

CARLOS
Ten cuidado, que es muy sensible.

JESÚS

Sí, tiene un buen tacto.

Un hombre sentado justo detrás de ellos se levanta de su asiento, lleva a un niño pequeño cogido de su mano, está llorando.

HOMBRE 1

¡Sois unos degenerados!

CARLOS

¡No es lo que parece!

HOMBRES 1

Claro que lo es. ¡En un aeropuerto...!

CARLOS se pone nervioso mientras el hombre se aleja arrastrando al niño.

CARLOS

¿Qué, te la quedas?

JESÚS

No... no creo. Ya te he dicho que soy pacífico y no nos gustan las pistolitas.

CARLOS
Tío, tío, tío, tío... ¿la paz? Tú sacas un arma y tienes paz... por eso llevo una. Si pegas un par de tiros y montas un poco de bulla, todo el mundo te respeta y tienes tu paz. ¿Sabes? Tú necesitas paz y aquí no hay paz, no hay nada de paz, ¿no lo ves?

JESÚS

¿Crees que no hay paz?

CARLOS

No, tío, nada de paz... la gente pasa de la gente, ¿no lo ves? Eso no es paz, joder. Mi colega el colibrí naranja y yo íbamos a imponer algo de paz ahora mismo pero tú lo necesitas más que yo.

JESÚS

Yo sólo quiero paz, amigo.

CARLOS

Eres un visionario. Un visionario. Mira, te la regalo. Es tuya.

JESÚS

¿No la quieres?

CARLOS

Que va, ya no, ya no.

JESÚS

Mi amigo el tucán desplumado estará encantado de saberlo. Mira, ahí viene.

Un chico de 20 años, también muy guapo, pero no tanto como JESÚS, ataviado como él con un pañuelo en la cabeza, se acerca a ellos. JESÚS coge la pistola de CARLOS con decisión y se la enseña al tucán desplumado.

JESÚS

Mira el juguetito que nos ha regalado este hombre.

TUCÁN DESPLUMADO

Todo vale por la paz, oso amoroso.

CARLOS se levanta acojonado y se va del lugar, mirando sospechosamente en todas direcciones.

El TUCÁN DESPLUMADO y JESÚS (alias OSO AMOROSO) se levantan de sus asientos con una pistolita y tres revólveres, dando tiros al aire.

JESÚS

¡Haya paz! ¡Haya paz! ¡Todos al suelo!

No hay comentarios: