Lluvia seca sobre mi alma
calando mi corazón
de la soledad que desarma,
de la que cae hacia dentro
y evita el chillido de la alarma.
Por fuera: apatía, cansancio,
ira y, sobre todo, desgana.
Se ha alejado la princesa
que un día besó a esta rana
y la transformó en principe,
la amó y la hizo sentirse en casa;
ahora vuelve al estanque,
a croar sola en una rama,
a cantar por la princesita
que la hizo sentirse humana.
Triste historia ésta
de la pobre rana,
que soñó con ser principe
y ya no puede soñar con nada.
jueves, 27 de diciembre de 2007
Escribo, luego existo
Estoy frente al papel,
bolígrafo en mano,
escribo, luego existo.
Mi vida, muchas historias,
cosas que contar...
y sentir,
y el enorme deseo de expresarlo todo,
de exteriorizarlo.
Existo... luego escribo.
Muchas páginas,
mucha gente,
verdades absolutas
y verdades retocadas,
un amor, una imagen
y más de mil palabras.
Recuerdos buenos
y algunos muy malos.
Un pasado,
letra desgarrada
y varios tachones,
cosas que borrar
y memorias imborrables.
Las mejores páginas de mi vida,
mi amor, mi niña,
las mejores,
aún están en blanco,
o lo estarían...
si tan sólo volvieras a mi lado.
bolígrafo en mano,
escribo, luego existo.
Mi vida, muchas historias,
cosas que contar...
y sentir,
y el enorme deseo de expresarlo todo,
de exteriorizarlo.
Existo... luego escribo.
Muchas páginas,
mucha gente,
verdades absolutas
y verdades retocadas,
un amor, una imagen
y más de mil palabras.
Recuerdos buenos
y algunos muy malos.
Un pasado,
letra desgarrada
y varios tachones,
cosas que borrar
y memorias imborrables.
Las mejores páginas de mi vida,
mi amor, mi niña,
las mejores,
aún están en blanco,
o lo estarían...
si tan sólo volvieras a mi lado.
domingo, 16 de septiembre de 2007
Supongamos...
Supongamos que la vida es un juego.
Supongamos que sólo somos jugadores.
Supongamos que podemos ganar...
que podemos perder.
Supongamos que sólo importan los resultados,
que no importa lo que hagas, sino lo que consigas.
Supongamos que triunfa el más fuerte.
Supongamos que hay unas reglas de las que no nos podemos salir.
Supongamos que un beso bajo la lluvia es sólo la amenaza de un constipado.
Supongamos que todo es una competición... el trabajo, la amistad, cada hobbie, el amor...
Entonces... si la vida es un juego...
¿Dónde queda la luna llena?
Supongamos que sólo somos jugadores.
Supongamos que podemos ganar...
que podemos perder.
Supongamos que sólo importan los resultados,
que no importa lo que hagas, sino lo que consigas.
Supongamos que triunfa el más fuerte.
Supongamos que hay unas reglas de las que no nos podemos salir.
Supongamos que un beso bajo la lluvia es sólo la amenaza de un constipado.
Supongamos que todo es una competición... el trabajo, la amistad, cada hobbie, el amor...
Entonces... si la vida es un juego...
¿Dónde queda la luna llena?
viernes, 7 de septiembre de 2007
La lluvia 1
Ya es noche cerrada y la calle está casi vacía. Hace tan sólo un par de horas todo era distinto. La gente rebosaba en las aceras y en la entrada de todos los garitos, sonrisas sinceras y forzadas, ligoteo cómodo y divertido y también asustado ante la perspectiva de un nuevo fracaso, faldas cortas que lo enseñan todo de gente que igual no tiene nada, chaquetas cortas bajo un cielo supuestamente despejado. Y apareció la lluvia y desapareció la gente, dejaron el ligoteo, las faldas cortas y las sonrisas forzadas para otro fin de semana, otro con más suerte y mejor predicción del tiempo. Y si la calle no está vacía es porque José aún sigue ahí. No sabe realmente qué hace en Bilbao en la madrugada de un viernes... cuando hablo de Bilbao me refiero a la glorieta de Bilbao y no a la ciudad, pero para José viene a ser lo mismo, está perdido, está sólo. Siempre le ha gustado la lluvia y la melancolía que cree que conlleva, por suerte siempre guarda un paraguas en el coche que hoy le protege de la lluvia cálida de fin de verano. La luz de las farolas, el vano chapoteo del agua de lluvia sobre la fuente, sobre la acera y sobre sus zapatillas deportivas le hacen pensar sobre su vida. Siente que es un hombre chapado a la antigua... un caballero como ya no los hay... un romántico (quién si no estaría la madrugada de un viernes bajo la lluvia). Se pregunta por qué está sólo y, triste y ligeramente autocomplaciente, se considera el bueno de una película que irremediablemente acabará mal, el tipo para el que se escriben las canciones de amor, las canciones tristes de amor. Sabe que, aunque deje de llover, seguirá habiendo charcos, y suspira. Los buenazos nunca triunfaron entre las mujeres... todas se arrepienten por ello, sí, y desean que les vaya bien, pero no con ellas. Y él sabe que ha sido y es un buenazo, un tipo sin malicia, incapaz de cuajar en una relación con una chica divertida. Su torpeza en la cama y el escaso tamaño de su polla terminan por espantar a las escasas mujeres a las que ha atraído. Odia que todo en la vida se reduzca al sexo y al comportamiento en la cama. Definitivamente está chapado a la antigua. Un hombre a la vieja usanza. Si esto es lo que le reserva el destino, es que es un gran hijo de puta, piensa, no sin razón. Pero seguirá luchando contra el destino, no dejándose dominar por él, como tampoco la lluvia pudo con su determinación de pasear. Comienza a caminar por la calle en busca de su coche... ya va siendo hora de dejar de lamentarse de si mismo, es demasiado hombre para eso, pero no para dejar de caminar solo. No camina de la misma forma en que llegó, sino con dignidad, poseé la calle y se siente un vaquero solitario que ha de continuar su camino, recorriendo poblados mientras sueña con la vida que no tuvo pero deseó, y guiando vacas sin la pretensión de algo que quizá no logrará; es el protagonista de aquellas películas de cine negro, ese que ha hecho lo que debía y aún así se ha quedado sólo, sabiendo que hará el ridículo si cuenta la verdad de sus nobles actos, abocado a seguir siendo un héroe en la sombra. De pronto, siente que tiene un gran sombrero que le protege la cabeza y casi le impide ver y una oscura gabardina que le llega hasta las rodillas, las zapatillas ahora son botas o zapatos oscuros y fuma un gran puro. El ridículo paraguas deja de tener sentido y la aparta, el agua fluye sobre su sombrero, cayendo las lágrimas una a una al suelo, a su paso. Llega a su coche y ríe. Sigue estando en Bilbao, la glorieta, no la ciudad; tiene su pelo medianamente corto empapado, al igual que su camiseta veraniega y sus zapatillas deportivas; el paraguas está en el suelo a su lado y la calle aún vacía, demasiado vacía. Está chapado a la antigua aunque él no lo eligiera, y es un mero romántico que ama la lluvia... sólo detesta que las nubes no le permitan ver la luna, ojalá estuviera llena. Mañana tendrá un buen resfriado.
viernes, 24 de agosto de 2007
La luna casi llena
Son casi las cinco de la madrugada y por fin puedo estar un rato frente al ordenador para ordenar mis ideas. Hoy he sentido una sensación que necesitaba expresar. He salido de mi casa por la noche, ya no recuerdo a qué hora ni cuánto tiempo ha pasado... y era una noche maravillosa. Las temperaturas suaves de fin de verano me han refrescado según he salido de casa, no había viento y sí una humedad que presagiaba una lluvia revitalizadora; y la luna, estaba allí, arriba, iluminándolo todo a medias, dejando ver sólo lo que queremos ver, estaba casi llena. Una noche de esas en las que quieres salir, correr y gritar, ser libre. Pero no eres libre y la luna sólo está casi llena. De pronto te das cuenta de que no puedes correr y gritar (a no ser que seas un loco o un niño y yo creo no ser ninguna de ambas cosas) y notas que te empieza a faltar el fuelle y echas de menos a quien quieres que esté a tu lado y no lo está. Piensas que es una noche genial para un beso... para prestarle tu sudadera en cuanto tenga frío y abrazarla, una noche perfecta para un abrazo y una mirada cómplice, para las risas tontas, para la confianza y el amor que se da por sentado... pero eso ya no es posible, y la luna, ella está únicamente medio llena. ¿Volverá todo a ser como antes? Empiezas a preguntarte cosas y acabas sin saber quien eres. Sí, sabes lo que has hecho y quién crees ser ahora, pero siempre he defendido que una persona no sólo es quien es, sino quien sueña ser. Y yo ahora estoy muy lejos de mis sueños. ¿Tengo capacidades y talento para llegar hasta ahí? No lo sé y, realmente, deseo no tenerlo, porque de tenerlo, estaría desaprovechando mi vida con vagancia, rutina y tedio, perdiendo minutos, horas, días y semanas en el "tetris", el "spider" y demás solitarios; en telebasura, en ver a diario páginas de internet que rara vez se renuevan con algo interesante; en divagaciones mirando a un calendario... sobre el tiempo, lo que hice en el pasado, lo que sueño para el futuro y no estoy haciendo ahora. Siento rabia al ver que mis aspiraciones quedan en eso, aspiraciones, debido a mi inconstancia y dejadez. Soy aburrido y solitario (quien nunca se haya sentido así que tire la primera piedra... y quien lo haga estará deseando más tiempo para si mismo) y, como véis, autocompasivo. Incapaz de lanzarme a por la mayoría de mis sueños, pero cuando lucho por uno de ellos, todos me piden que lo deje. ¿Por qué están bien vistas la autocomplacencia y la resignación y tan mal visto el hecho de luchar por lo que se desea? Supuestamente, si alcanzas tu límite en algo, debes dejarlo e ir a por otra cosa, ¿desde cuándo comenzar de cero es avanzar? Deberíamos llevar ya de una vez por todas frases como "hay muchos peces en el mar" o "más vale pájaro en mano que ciento volando" al mismo repudio que otras como "el tamaño no importa" o "lo importante es participar". Si deseas algo no deberías conformarte con menos, sí aceptarlo, pero no aparcarlo... ¿En qué nos convierte eso sino en esclavos de nuestras propias limitaciones? No sé por qué pero mi mente viaja rápidamente a la concepción del tiempo... a esa idea falsa de qué el pasado ha de quedar ahí y desaparecer, por ejemplo... ¿Es que es posible que el pasado no influya en nuestros sueños para el futuro? Está siempre presente... y nosotros somos también quienes soñamos ser. Pero es cierto, estamos atrapados por el tiempo... cuando sea martes sabremos que habrá un nuevo martes tras siete días y que habrá un nuevo mayo y un nuevo 7 de octubre, sí, lo habrá y será distinto... pero se pronunciará igual, sabremos que al pasar diciembre volveremos a comenzar en enero. ¿Qué pasa si quiero que sea marzo? Yo cuando pase diciembre viviré en marzo, o mejor, crearé un nuevo nombre, sin sentido aún, marequé o pindalero o cualquier otra cosa que no signifique nada y darle un nuevo significado. Por suerte, los años sí funcionan correctamente, o al menos, mejor que los meses. 2008 nunca será 2007 ni aunque lo deseé con todas sus fuerzas, siempre avanzando consciente del pasado, sabiendo que no habría 2008 sin haber antes 2007, lo que da algo de calma a mi narración. Ahora, al fin, comienzan a caer las primeras gotas de la lluvia que se avecinaba y aún no sé si ya sé quien soy ni si tengo talento. No puedo responderlo. Sé que hoy no tendré besos ni prestaré mi sudadera, sé que mis sueños seguirán siendo sueños y que no sé hasta qué punto se harán realidad, pero sí sé que seguiré tratando de luchar por ellos. La luna, aunque tapada por las nubes, sigue estando casi llena y vosotros, lo que aún aguantáis leyendo estas majaderías os preguntáis cuánto es real de lo que he escrito, si me siento así o creo un personaje, y quizá sea un poco de todo, quizá yo sea todos los yos que puedo ser y ahí aparece la maravilla de la escritura, que te permite diluirte y ser otro siendo tú mismo y ser tu mismo siendo otro en realidad. Quizá mañana la luna esté más llena. Ojalá sea así.
miércoles, 1 de agosto de 2007
Un mes y unas horas
He vuelto a ver tu foto, nuestra foto... en realidad, ahora es sólo mía. Siempre ha estado ahí, como una de esas cosas que, de tanto ver, no miras; pero hoy la he mirado. Me gusta tu foto... nuestra foto, yo en segundo plano alumbrado por tu sonrisa... o eso me parece a mí. No he podido dejar de mirarte, petrificado, he pensado en tus ojos, en tu mirada magnética que sólo yo sé lo que esconde, sé lo que escondía, oscuros y profundos, son el nítido pasillo que conduce a ese océano que, desde hace un mes, navegas sola, sin rumbo fijo, sin brújula y, a veces, sin ver tierra, parando en algún puerto para tomar provisiones y volver al océano al dejar la luna de ser llena, conduciéndote por el viento, el timón libre, conociendo mundo... A veces pienso que encontrarás un puerto acogedor que te merezca la pena y siento lástima... no, no es lástima. Tengo miedo, miedo de no ver tu barco pasar cuando vuelva la primavera, que no vuelvas a mirarme, que te alejen las mareas. Yo aún te espero en mi puerto, nuestro puerto, no sé, ¿Acaso ahora importa? He cambiado cosas, lo he dejado más bonito y te gustaría, aunque pondrías alguna pega. Aún miro el horizonte cada mañana, buscando en la inmensidad tus velas, por si vuelves a mi puerto... y esta vez te quedas.
Ya no hay luz y estoy cansado, no sé el tiempo que ha pasado, quizá un mes y varias horas. Sabes que me gusta tu foto... nuestra foto... en realidad, ahora es sólo mía.
Ya no hay luz y estoy cansado, no sé el tiempo que ha pasado, quizá un mes y varias horas. Sabes que me gusta tu foto... nuestra foto... en realidad, ahora es sólo mía.
Dos letras tiran más que dos carretas
Un sabio faraón me dijo un día (quizá fuese ayer) que, si quería mejorar mi escritura, debía alejarme un poco de mis problemas al escribir y hacer algo más abierto, más universal. Como con todos los buenos consejos, lo romperé y hablaré de lo que ha sido este taller para mí. A vosotros os digo, Bartlebys del futuro, que siento que no podía haber pasado este mes de junio de una forma mejor. Quedan muchos recuerdos e imágenes que no se borrarán de nuestra memoria... o, al menos, de la mía. No olvidaré el consejo de un mentor, de un padre espiritual, que me pedía paciencia y tranquilidad. El asentimiento decidido tras una lectura en público. Una enorme grandeza tímida y miedosa. Las risas de mi compañero de armas. Dos personas normales en un mundo de extrañeza. La complicidad de una mirada amiga. El fin de una historia que acaba pero nunca terminará. Espera al último baile. El pelo suelto y el desparrame. Un abrazo agradecido. Una despedida y un encuentro. La falda por debajo de la rodilla por principios. La reportera Katanawa y "Padre de Familia". Los éxitos relativos y los fracasos sufridos. Cuatro idiomas y ninguna lengua materna de quien escribió tanto al llegar como al irse. Un bartleby auténtico. El futuro incierto. Un chiste. Un sólo mes y una historia compartida. El Rey de la Tortilla. Otro chupito. Un brazo falocrático. Un cono bajo el coche. Literatura. Amistad. Amor. Tristeza. Soledad compartida. Ha sido un enorme placer haber estado este mes junto a cada uno de vosotros.
He aprendido de vosotros tanto o más que de los profesores. Espero que siga siendo así pese a la distancia. Y he pasado grandes momentos. Gracias.
Voy a terminar con lo que me dijo ese mentor en un momento de lucidez. ¿Qué importa que sirva de algo lo que escribimos? ¿Qué importa que salga nuestro nombre en los títulos? Nada ni nadie podrá pararnos si queremos escribir, si es eso lo que deseamos para nuestra vida.
Es que, ciertamente,... dos letras siempre tiraron más que dos carretas.
He aprendido de vosotros tanto o más que de los profesores. Espero que siga siendo así pese a la distancia. Y he pasado grandes momentos. Gracias.
Voy a terminar con lo que me dijo ese mentor en un momento de lucidez. ¿Qué importa que sirva de algo lo que escribimos? ¿Qué importa que salga nuestro nombre en los títulos? Nada ni nadie podrá pararnos si queremos escribir, si es eso lo que deseamos para nuestra vida.
Es que, ciertamente,... dos letras siempre tiraron más que dos carretas.
domingo, 22 de julio de 2007
Cuento corto
Bueno, este es un cuento corto que escribí hace un tiempo, no sé qué tal estará, espero que os guste, aunque sea un poco largo para un blog es fácil de leer.
Por una mirada
Coches, casas, gente, motos, cristales rotos, una sonrisa, un rascacielos, un stop, prisa, luces, una mirada hacia delante, calma, gente corriendo, una mirada hacia el suelo, bares, una despedida,... Llevo prácticamente una vida observando todo lo que pasa a mi alrededor al volver a casa cada día en autobús, tras una larga y pesada tarde en el centro de estudios. Dejo volar mi imaginación, creando un inmenso mundo imaginario con los lugares que hubiera visitado esa gente, su historia, inventándome su vida por el simple hecho de no conocerla, sin necesidad de saber quienes son en realidad porque, en este caso, siempre me han resultado mejores las historia que creaba para ellos que sus propias vidas reales y monótonas, simples y complejas al mismo tiempo, llenas de vacíos e inmenso aburrimiento, superando la ficción creada por mí a su realidad. Y en este universo imaginario está ella, la reina de mi mundo, esa chica de mi edad que sube a mi autobús en la parada posterior a la mía, viene de sus clases de voleibol... o de yoga, tiene grandes amigos, los de toda la vida, gente cercana con la que puede relajarse y sentirse a gusto, decir lo que piensa sabiendo que ellos aceptarán aquello que diga y no la juzgarán, tiene una fuerte personalidad que la hace ser especial. Pero no tiene novio, por supuesto sí muchas oportunidades, pero en este momento ha decidido olvidar los ligues tontos para centrarse en una relación seria con alguien que no conoce, cercano a su ideal de imperfección, el cual aún se aleja mucho de mi descripción, pero que, quizá, con un par de hábiles retoques pueda parecerse a mí, y entonces llegaría mi oportunidad de acercarme a ella y decirle... decirle todo, aunque aún no sea nada. Desde hace mucho tiempo, no recuerdo cuánto, espero con ansia el momento del día en que ella sube al autobús, a mi autobús. Y ahí está ella, perfecta, sentada tranquilamente en su parada, pensando en ese que aún no soy, despreocupada... pantalones vaqueros, deportivas y una sudadera de un naranja no lo suficientemente llamativo como para chirriar ni lo suficientemente bonita como para resaltar su belleza, particularmente prefiero la roja, pero está tampoco le está del todo mal. Como casi siempre, al entrar en el autobús echa una mirada al fondo, buscando mi sitio y se encuentra con mi mirada, me sonríe, y me saluda. Por unos segundos, siento que estamos interconectados, mirada con mirada, sonrisa con sonrisa, me siento cómodo conmigo mismo, por un momento noto algo especial, pero tras saludarme se sienta y se pierde la magia, todo vuelve a su estado habitual. Yo sigo solo, aunque ese instante, ese par de segundos hacen increíbles los días normales, me dan fuerzas para levantarme cada mañana y seguir con mi vida.
Hace ya tiempo que me planteo la idea de ir a su lado, sentarme junto a ella y hablar, decirle algo, decirle todo... aunque aún no sea nada.
El único problema es que no sabría que decir, ya que no tengo nada que decir, al menos nada que merezca la pena oír. Yo sólo soy un chico tranquilo con una vida común e insulsa, no hay nada que haga especialmente bien, ni nada que haga horriblemente mal, nada que me sitúe por encima del resto, tanto que necesito imaginar las llamativas vidas de otros para dar color a los grises momentos insustanciales de la mía. Y eso no es decir mucho ni da mucho de qué hablar.¿Y si yo no le gustara? Si le pareciera aburrido, yo... ¿Y por qué no iba a ser así? No puedo arriesgarme a perder esa sensación de cada día aunque dure sólo un segundo. ¿Pero que pierdo si no me atrevo a ganar nada? ¿Qué gano si no me arriesgo a perderlo todo?
Sí, voy a levantarme de mi asiento y me voy a sentar a su lado, le voy a decir mi nombre, le preguntaré el suyo y le pediré que me cuente cada cosa que le venga a la cabeza, cualquier detalle porque quiero saberlo todo. Soy consciente de que me puedo llevar un gran desengaño, desde la posibilidad de que rechace mi conversación, a que no lo haga pero que su mirada me ataque con indiferencia, lo que no tendría sentido ya que me sonríe siempre que entra en el autobús. ¿Cómo vas a rechazar una charla con alguien al que sonríes? Pero sí se puede dar la posibilidad de que le parezca un mal tema de conversación... eso sería normal, ya que incluso a mí me parece un tema horrible, lo lógico sería que se sintiera incómoda con mi interrogatorio... y si no se sintiera incómoda quizá dejara de ser el tipo de chica que deseo que sea, no, no le pediré que me cuente su vida. Supongo que estaría bien que mi conversación le aportara algo, no sé, se puede hablar de cualquier cosa, pero... ¿de qué? También podríamos no hablar de nada en especial, simplemente hablar, escuchar su voz y lo que piensa, decir cualquier tontería y poder mirarla a los ojos directamente y muy de cerca, sentir que me está mirando. Lo que más me aterra es que no tengamos nada de qué hablar y se produzca un incómodo silencio, mirarla a los ojos y que su mirada no brille como cada día, imaginar lo que piensa de ese chico que se sienta nervioso a su lado y no sabe qué decir, sin atreverse a expresar lo que siente.
Es posible que la mejor solución sea contarle la verdad... decirle que me atrae, que quiero conocerla, saber cada cosa de su vida y quizá algún día no muy lejano ser amigos... o algo más que amigos... si es que no tiene ya novio, que es algo muy probable. Las chicas como ellas pueden salir con cualquiera y pensando que tiene aproximadamente mi edad, seguro que hay una gran cantidad de chicos dos, tres o cinco años mayores que nosotros esperando la mejor oportunidad para estar con ella... si es que no lo están ya. También puede que no sea así. Es una lástima que yo tenga un sentido del ridículo tan desarrollado, otro en mi lugar ya se habría sentado a su lado. De todos modos... es ella la que entra después que yo en el autobús, y si no se sienta a mi lado quiere decir que prefiere estar sin mi compañía, a pesar de que me sonría al entrar. Entra y se sienta sola, mirando por la ventana durante todo el trayecto hasta que baja mientras escucha música o se pasa los cinco minutos de gloria que compartimos leyendo un libro, o una revista... Si quisiera estar sentada a mi lado no se pondría sola, puede que sea porque esté cansada de un día largo, o que sea tímida. Podría ser una chica tímida. Ojalá lo fuera, me atrae la timidez... además de proporcionarme más posibilidades de que no tenga novio. A pesar de todo, su mirada no concuerda con su posible timidez... aunque tampoco la niega. Ahora es el momento, sólo tengo que reunir todo el valor que haya en mi y acercarme a su lado, sonreírla y empezar a hablar. Lo que pase después no sólo dependerá de mí. ¿Estoy seguro de que quiero arriesgarme a corromper ese cruce especial de miradas? Sí, por supuesto. Quiero saber que hay detrás de su apariencia, poder disfrutar de su presencia cada día, poder contar con ella para todo, convertirla en la guardiana de mis secretos. Tengo que levantarme y acercarme a ella ahora o no tendré tiempo para decirla todo... aunque aún no sea nada. Intento levantarme, pero mis piernas sólo responden con un tímido temblor que me indica que no podrán sostenerse por si solas, intento tranquilizarme y aparentar que estoy tranquilo y lo intento de nuevo, noto mis manos húmedas, un sudor frío me recorre la frente, miro angustiado al asiento vacío situado a su lado, a mi sitio, al lugar donde podré por fin hablar con ella y disfrutar de su presencia, poner nombre y carácter a la imagen de mis sueños. Me seco el sudor de las manos y pienso en la mínima importancia que esto tendrá para ella. ¡Vamos! ¡Sólo será una conversación breve! Pero, aún así, no quiero que me vea tembloroso y asustado, dubitativo y quizá balbuceante... es posible que sea mejor probar suerte en otro momento. No, si no me atrevo ahora me costará aún más en el futuro, cuando lleve días, semanas o meses pensando en un momento sin importancia de tan sólo un par de minutos y haya creado una montaña de un grano de arena.
Ya es igual porque estamos llegando a mi parada. Me conformo con que se gire y me vea salir del autobús, que se despida con una amable sonrisa. Ahora las piernas sí me funcionan y el temblor desaparece. No ha podido ser.
Quizá mañana.
Sí, voy a levantarme de mi asiento y me voy a sentar a su lado, le voy a decir mi nombre, le preguntaré el suyo y le pediré que me cuente cada cosa que le venga a la cabeza, cualquier detalle porque quiero saberlo todo. Soy consciente de que me puedo llevar un gran desengaño, desde la posibilidad de que rechace mi conversación, a que no lo haga pero que su mirada me ataque con indiferencia, lo que no tendría sentido ya que me sonríe siempre que entra en el autobús. ¿Cómo vas a rechazar una charla con alguien al que sonríes? Pero sí se puede dar la posibilidad de que le parezca un mal tema de conversación... eso sería normal, ya que incluso a mí me parece un tema horrible, lo lógico sería que se sintiera incómoda con mi interrogatorio... y si no se sintiera incómoda quizá dejara de ser el tipo de chica que deseo que sea, no, no le pediré que me cuente su vida. Supongo que estaría bien que mi conversación le aportara algo, no sé, se puede hablar de cualquier cosa, pero... ¿de qué? También podríamos no hablar de nada en especial, simplemente hablar, escuchar su voz y lo que piensa, decir cualquier tontería y poder mirarla a los ojos directamente y muy de cerca, sentir que me está mirando. Lo que más me aterra es que no tengamos nada de qué hablar y se produzca un incómodo silencio, mirarla a los ojos y que su mirada no brille como cada día, imaginar lo que piensa de ese chico que se sienta nervioso a su lado y no sabe qué decir, sin atreverse a expresar lo que siente.
Es posible que la mejor solución sea contarle la verdad... decirle que me atrae, que quiero conocerla, saber cada cosa de su vida y quizá algún día no muy lejano ser amigos... o algo más que amigos... si es que no tiene ya novio, que es algo muy probable. Las chicas como ellas pueden salir con cualquiera y pensando que tiene aproximadamente mi edad, seguro que hay una gran cantidad de chicos dos, tres o cinco años mayores que nosotros esperando la mejor oportunidad para estar con ella... si es que no lo están ya. También puede que no sea así. Es una lástima que yo tenga un sentido del ridículo tan desarrollado, otro en mi lugar ya se habría sentado a su lado. De todos modos... es ella la que entra después que yo en el autobús, y si no se sienta a mi lado quiere decir que prefiere estar sin mi compañía, a pesar de que me sonría al entrar. Entra y se sienta sola, mirando por la ventana durante todo el trayecto hasta que baja mientras escucha música o se pasa los cinco minutos de gloria que compartimos leyendo un libro, o una revista... Si quisiera estar sentada a mi lado no se pondría sola, puede que sea porque esté cansada de un día largo, o que sea tímida. Podría ser una chica tímida. Ojalá lo fuera, me atrae la timidez... además de proporcionarme más posibilidades de que no tenga novio. A pesar de todo, su mirada no concuerda con su posible timidez... aunque tampoco la niega. Ahora es el momento, sólo tengo que reunir todo el valor que haya en mi y acercarme a su lado, sonreírla y empezar a hablar. Lo que pase después no sólo dependerá de mí. ¿Estoy seguro de que quiero arriesgarme a corromper ese cruce especial de miradas? Sí, por supuesto. Quiero saber que hay detrás de su apariencia, poder disfrutar de su presencia cada día, poder contar con ella para todo, convertirla en la guardiana de mis secretos. Tengo que levantarme y acercarme a ella ahora o no tendré tiempo para decirla todo... aunque aún no sea nada. Intento levantarme, pero mis piernas sólo responden con un tímido temblor que me indica que no podrán sostenerse por si solas, intento tranquilizarme y aparentar que estoy tranquilo y lo intento de nuevo, noto mis manos húmedas, un sudor frío me recorre la frente, miro angustiado al asiento vacío situado a su lado, a mi sitio, al lugar donde podré por fin hablar con ella y disfrutar de su presencia, poner nombre y carácter a la imagen de mis sueños. Me seco el sudor de las manos y pienso en la mínima importancia que esto tendrá para ella. ¡Vamos! ¡Sólo será una conversación breve! Pero, aún así, no quiero que me vea tembloroso y asustado, dubitativo y quizá balbuceante... es posible que sea mejor probar suerte en otro momento. No, si no me atrevo ahora me costará aún más en el futuro, cuando lleve días, semanas o meses pensando en un momento sin importancia de tan sólo un par de minutos y haya creado una montaña de un grano de arena.
Ya es igual porque estamos llegando a mi parada. Me conformo con que se gire y me vea salir del autobús, que se despida con una amable sonrisa. Ahora las piernas sí me funcionan y el temblor desaparece. No ha podido ser.
Quizá mañana.
El tiempo
Supongo que ya tocaba meter algo de lo hecho en clase... en este caso es algo bastante breve y fácil de leer en el blog. Es lo que hicimos el último día hablando de la poesía. Bueno, ahí va:
Tic tac tic tac tic tac tic tac
el viejo reloj sigue funcionando,
marcando un ritmo indiferente
que seguimos como esclavos:
marca el tiempo de las risas,
delimita los abrazos,
alarga los lamentos
y no nos permite volver al pasado.
¿Por qué no explotas de una vez,
viejo demonio mecánico?
Déjame surcar el tiempo
y ser mi propio amo,
volver a ser un niño
al llegar a anciano,
cantar bajo la lluvia
tras tomarme un helado,
olvidar las estaciones
y difuminar los años,
volver continuamente al día
en que ya nunca seríamos extraños.
Permíteme ver el futuro,
saber si mis sueños valían de algo,
líbrame de la paciencia,
triste virtud entre la esperanza y el llanto.
¡Olvídate ya de mí
viejo y melancólico trasto!
¿Por qué te tengo tanto miedo?
¿Por qué no me rebelo y acabo
con tu tintineo lastimero,
origen de mis enfados?
¡Te tiraré contra el suelo!
¡Serás mi último regalo de cumpleaños!
Por fin podré ser libre,
y olvidar que he olvidado.
tic tac tic tac tic tac tic tac
Se rompe el cristal
pero sigues andando.
¿Por qué no te rompes
máquina del diablo?
Supongo que será mi sino,
vivir siempre por ti atrapado.
Tic tac tic tac tic tac tic tac
el viejo reloj sigue funcionando,
marcando un ritmo indiferente
que seguimos como esclavos:
marca el tiempo de las risas,
delimita los abrazos,
alarga los lamentos
y no nos permite volver al pasado.
¿Por qué no explotas de una vez,
viejo demonio mecánico?
Déjame surcar el tiempo
y ser mi propio amo,
volver a ser un niño
al llegar a anciano,
cantar bajo la lluvia
tras tomarme un helado,
olvidar las estaciones
y difuminar los años,
volver continuamente al día
en que ya nunca seríamos extraños.
Permíteme ver el futuro,
saber si mis sueños valían de algo,
líbrame de la paciencia,
triste virtud entre la esperanza y el llanto.
¡Olvídate ya de mí
viejo y melancólico trasto!
¿Por qué te tengo tanto miedo?
¿Por qué no me rebelo y acabo
con tu tintineo lastimero,
origen de mis enfados?
¡Te tiraré contra el suelo!
¡Serás mi último regalo de cumpleaños!
Por fin podré ser libre,
y olvidar que he olvidado.
tic tac tic tac tic tac tic tac
Se rompe el cristal
pero sigues andando.
¿Por qué no te rompes
máquina del diablo?
Supongo que será mi sino,
vivir siempre por ti atrapado.
jueves, 19 de julio de 2007
Mi primera vez
bien, voy a hablar de la primera vez que escribí poesía... tengo que decir que, como debe de ser, fue una cosa absolutamente espontánea que me salió del corazón y, por tanto, no fue demasiado buena. Es cursi y todo eso, pero... ¿qué le puedes pedir a un chico enamorado? Supongo que el único objetivo era que lo leyera la chica en cuestión, no tenía una intención demasiado literaria e igual se nota... pero ahí queda, al menos como curiosidad. Ni que decir tiene que si no soy ya ese chico enamorado... ojalá lo fuera.
Dulce pájaro enjaulado
chocaste con mi ventana abierta
y te curaste en mi regazo.
Tu mirada sin fondo
y tu plumaje encantado
entraron en mi vida
y me enamoraron.
Deseoso de escapar,
de bailar al viento con descaro,
te retienen las cadenas del amor
como un cálido lazo.
Quédate conmigo,
dulce pájaro,
por favor,
quedate un poco más a mi lado.
Y, bueno, siguiendo con la misma metáfora... también escribí otro, aún más mediocre, si no te ha gustado el primero no sigas leyendo, ya sabes que segundas partes nunca fueron buenas.
Por favor, pajarillo querido,
pajarillo amado,
no busques otro nido
no dejes caer el nuestro
en el olvido
de lo que pudo ser
y no ha sido.
Te quiero, lo pasamos bien,
ha sido divertido,
pero aún quiero más,
aún no hemos cumplido.
Supongo que debería empezar a escribir poesía más seria o dejar esto para mí... pero quería compartirlo por ser mi primer acercamiento, gracias por leerlo, ya sé que tiene más sentido para mí que para vosotros.
Dulce pájaro enjaulado
chocaste con mi ventana abierta
y te curaste en mi regazo.
Tu mirada sin fondo
y tu plumaje encantado
entraron en mi vida
y me enamoraron.
Deseoso de escapar,
de bailar al viento con descaro,
te retienen las cadenas del amor
como un cálido lazo.
Quédate conmigo,
dulce pájaro,
por favor,
quedate un poco más a mi lado.
Y, bueno, siguiendo con la misma metáfora... también escribí otro, aún más mediocre, si no te ha gustado el primero no sigas leyendo, ya sabes que segundas partes nunca fueron buenas.
Por favor, pajarillo querido,
pajarillo amado,
no busques otro nido
no dejes caer el nuestro
en el olvido
de lo que pudo ser
y no ha sido.
Te quiero, lo pasamos bien,
ha sido divertido,
pero aún quiero más,
aún no hemos cumplido.
Supongo que debería empezar a escribir poesía más seria o dejar esto para mí... pero quería compartirlo por ser mi primer acercamiento, gracias por leerlo, ya sé que tiene más sentido para mí que para vosotros.
lunes, 16 de julio de 2007
Se agradecería una opinión
¿Qué me diferencia principalmente a mí de un bartleby cualquiera y me hace un bartleby frustrado? El deseo de escribir que, a veces, se convierte en una verdadera necesidad. Hay momentos en que, por un impulso irremediable de sacar esos sentimientos en forma de palabras que llevo dentro, o por simple obligación de hacer algo, casi improvisando. Esto me ha llevado a escribir algo de pseudo-poesía. No es poesía porque no sigue ningún tipo de métrica, ni la rima ni el número de sílabas están trabajados (y si lo están yo nunca le he prestado suficiente atención), cualquier parecido con una estrofa clásica sería mera casualidad. Por eso llamo rimas a lo que escribo... y me gustaría poneros una aquí para que me dieseis vuestra opinión. La temática, como la poesía impulsiva suele ser cuando se empieza, es romántica.
No puedo dejar de pensar en ese día,
en esa tarde soleada,
tranquila y agradable
en que no teníamos que hacer ya nada,
sonreiste y me cogiste de la mano,
segura y confiada,
yo te abracé ligeramente,
mi pecho tu espalda tocaba;
paramos en un sitio cómodo, solitario,
genial para una buena charla.
Hablamos de todo, de cualquier cosa,
en realidad de nada...
no sé, la verdad
es que sólo recuerdo tu mirada.
Tú me querías te sentías
alegre y enamorada,
te apoyaste en mí, nos abrazamos...
y esa imagen se quedó grabada
a fuego en mi cabeza. Yo era feliz
y tú lo estabas.
Traté de absorberlo todo,
el lugar, la temperatura,
la posición y el gesto de tu cara,
el sol, la luna, tu ropa...
pero nada importaba,
solos tú y yo, el resto sobraba.
Ya no recuerdo cómo ibas vestida,
ni importaba tu edad exacta,
daba igual qué día fuera,
las vistas o el color de tu falda,
¿Qué más daba si estábamos en la calle
o en la playa,
si con frío
o morena y aún mojada,
si era una noche romántica
o una peli en tu casa?
Importaba que me abrazabas
y estabas enamorada.
Deseé que ese abrazo, que ese amor
nunca acabara,
que el tiempo se parase
y así se quedara,
tú siempre conmigo,
siempre abrazada.
Recuéstate en mi pecho,
siéntete mimada,
tu mano rozando la mía,
tu sonrisa iluminando mi cara,
sin tiempo, ni espacio,
ni brisa ni nada,
ni guapos ni feos, sin cuerpo,
tu alma junto a mi alma,
sin futuro ni pasado,
sólo tú a mí pegada...
fuerte, fuerte, fuerte,
no me sueltes por nada,
sé que ahora me quieres...
no sé qué será mañana,
mi pecho será otro pecho
y la misma tu mirada,
yo todavía triste
y tú otra vez enamorada.
No aguanto que tu sonrisa al verme
ahora feliz, ingenua y alocada,
algún día, con el tiempo,
pudiera estar apagada.
¡Grita, grita, grita, grita, grita!
Que se pare el tiempo
y no suenen las campanas,
que no cambien los sentimientos
y el frío no congele tu mirada,
que se paren el cielo y la Tierra
en un lugar entre mi amor y tu alma.
No puedo dejar de pensar en ese día,
en esa tarde soleada,
tranquila y agradable
en que no teníamos que hacer ya nada,
sonreiste y me cogiste de la mano,
segura y confiada,
yo te abracé ligeramente,
mi pecho tu espalda tocaba;
paramos en un sitio cómodo, solitario,
genial para una buena charla.
Hablamos de todo, de cualquier cosa,
en realidad de nada...
no sé, la verdad
es que sólo recuerdo tu mirada.
Tú me querías te sentías
alegre y enamorada,
te apoyaste en mí, nos abrazamos...
y esa imagen se quedó grabada
a fuego en mi cabeza. Yo era feliz
y tú lo estabas.
Traté de absorberlo todo,
el lugar, la temperatura,
la posición y el gesto de tu cara,
el sol, la luna, tu ropa...
pero nada importaba,
solos tú y yo, el resto sobraba.
Ya no recuerdo cómo ibas vestida,
ni importaba tu edad exacta,
daba igual qué día fuera,
las vistas o el color de tu falda,
¿Qué más daba si estábamos en la calle
o en la playa,
si con frío
o morena y aún mojada,
si era una noche romántica
o una peli en tu casa?
Importaba que me abrazabas
y estabas enamorada.
Deseé que ese abrazo, que ese amor
nunca acabara,
que el tiempo se parase
y así se quedara,
tú siempre conmigo,
siempre abrazada.
Recuéstate en mi pecho,
siéntete mimada,
tu mano rozando la mía,
tu sonrisa iluminando mi cara,
sin tiempo, ni espacio,
ni brisa ni nada,
ni guapos ni feos, sin cuerpo,
tu alma junto a mi alma,
sin futuro ni pasado,
sólo tú a mí pegada...
fuerte, fuerte, fuerte,
no me sueltes por nada,
sé que ahora me quieres...
no sé qué será mañana,
mi pecho será otro pecho
y la misma tu mirada,
yo todavía triste
y tú otra vez enamorada.
No aguanto que tu sonrisa al verme
ahora feliz, ingenua y alocada,
algún día, con el tiempo,
pudiera estar apagada.
¡Grita, grita, grita, grita, grita!
Que se pare el tiempo
y no suenen las campanas,
que no cambien los sentimientos
y el frío no congele tu mirada,
que se paren el cielo y la Tierra
en un lugar entre mi amor y tu alma.
La literatura en la sociedad actual
Ya que éste es un blog principalmente literario, os voy a hablar del fin de semana... de mi fin de semana, no creo que os importe, pero me da un poco igual. Ha habido fiestas en mi pueblo (sí, soy de pueblo) y ha sido un lío de cuidado. Como un buen bartleby frustrado, traté de pasar desapercibido sin conseguirlo, participé en un torneo de 3vs3 de baloncesto y estaba ilusionado por hacerlo bien... fui uno de los pocos equipos que hizo felices a todos sus rivales, perdiendo cada uno de los partidos. Es ya el segundo año consecutivo que me pasa. El año que viene será distinto.
He pensado que después de esto no debería aburriros más, pero he cambiado de opinión y os lanzo una pregunta al vuelo, ¿No os molesta ir a unas fiestas así y conocer a todo el mundo? Es decir..., ¿no os jode que aparezca una persona con la que no habláis desde hace exactamente un año, borracho, con una sonrisa falsa de oreja a oreja a apretaros fuerte la mano, o lo que es peor (en el caso de ser mujer), que te den dos besos y te digan que se alegran de verte? A mí me cansa esa superficialidad hipócrita en que acaban convirtiéndose las fiestas de un pueblo. Sí es verdad que, a veces, te reencuentras con viejos amigos y pasas un buen rato poniéndote al día, pero, al menos a mí, me intimida e incomoda ver a esos casi desconocidos que me obligan a inventar una sonrisa, quizá por ese anhelo mío de ser un bartleby. Por eso, en cuanto me miran, me sonríen y me dicen:
-¡Eh... amigo! Luego nos vemos, nos tomamos unas copas, me cuentas algo de tu vida y yo te cuento la mía. ¿Tienes novia? Yo sí... luego te cuento.
Yo respondería encantado:
-Preferiría no hacerlo-pero no lo hago y digo simplemente:
-Sí, luego nos vemos-por suerte no siempre es así y tengo algo de tiempo para pasar el rato con quien de verdad quiero pasarlo.
Comentaría más de las fiestas, podría ser crítico con la música o las medidas policiales... pero no os torturaré más... es posible que en el próximo mensaje hablemos de literatura. Pero también puede que no.
Gracias por aguantar leyendo todo esto, ¡Qué Dios os lo recompense con un/a novi@ guap@!
He pensado que después de esto no debería aburriros más, pero he cambiado de opinión y os lanzo una pregunta al vuelo, ¿No os molesta ir a unas fiestas así y conocer a todo el mundo? Es decir..., ¿no os jode que aparezca una persona con la que no habláis desde hace exactamente un año, borracho, con una sonrisa falsa de oreja a oreja a apretaros fuerte la mano, o lo que es peor (en el caso de ser mujer), que te den dos besos y te digan que se alegran de verte? A mí me cansa esa superficialidad hipócrita en que acaban convirtiéndose las fiestas de un pueblo. Sí es verdad que, a veces, te reencuentras con viejos amigos y pasas un buen rato poniéndote al día, pero, al menos a mí, me intimida e incomoda ver a esos casi desconocidos que me obligan a inventar una sonrisa, quizá por ese anhelo mío de ser un bartleby. Por eso, en cuanto me miran, me sonríen y me dicen:
-¡Eh... amigo! Luego nos vemos, nos tomamos unas copas, me cuentas algo de tu vida y yo te cuento la mía. ¿Tienes novia? Yo sí... luego te cuento.
Yo respondería encantado:
-Preferiría no hacerlo-pero no lo hago y digo simplemente:
-Sí, luego nos vemos-por suerte no siempre es así y tengo algo de tiempo para pasar el rato con quien de verdad quiero pasarlo.
Comentaría más de las fiestas, podría ser crítico con la música o las medidas policiales... pero no os torturaré más... es posible que en el próximo mensaje hablemos de literatura. Pero también puede que no.
Gracias por aguantar leyendo todo esto, ¡Qué Dios os lo recompense con un/a novi@ guap@!
viernes, 13 de julio de 2007
Cosas que haré en este blog
- Escribir siempre lo que me de la gana.
- Decir la verdad... siempre que no sea necesaria una mentira.
- Tener en cuenta el interés de lo que escribo para los demás... siempre que no me de por poner cualquier cosa que sólo me interese a mí.
- Tratar de no ser aburrrido aunque igual no cuente nada interesante.
- Ebitar faltas de ortografía.
- Aceptar todo tipo de comentarios... principalmente si son positivos.
- Olvidar todas estas cosas en cuanto comience a escribir.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)