viernes, 7 de septiembre de 2007

La lluvia 1

Ya es noche cerrada y la calle está casi vacía. Hace tan sólo un par de horas todo era distinto. La gente rebosaba en las aceras y en la entrada de todos los garitos, sonrisas sinceras y forzadas, ligoteo cómodo y divertido y también asustado ante la perspectiva de un nuevo fracaso, faldas cortas que lo enseñan todo de gente que igual no tiene nada, chaquetas cortas bajo un cielo supuestamente despejado. Y apareció la lluvia y desapareció la gente, dejaron el ligoteo, las faldas cortas y las sonrisas forzadas para otro fin de semana, otro con más suerte y mejor predicción del tiempo. Y si la calle no está vacía es porque José aún sigue ahí. No sabe realmente qué hace en Bilbao en la madrugada de un viernes... cuando hablo de Bilbao me refiero a la glorieta de Bilbao y no a la ciudad, pero para José viene a ser lo mismo, está perdido, está sólo. Siempre le ha gustado la lluvia y la melancolía que cree que conlleva, por suerte siempre guarda un paraguas en el coche que hoy le protege de la lluvia cálida de fin de verano. La luz de las farolas, el vano chapoteo del agua de lluvia sobre la fuente, sobre la acera y sobre sus zapatillas deportivas le hacen pensar sobre su vida. Siente que es un hombre chapado a la antigua... un caballero como ya no los hay... un romántico (quién si no estaría la madrugada de un viernes bajo la lluvia). Se pregunta por qué está sólo y, triste y ligeramente autocomplaciente, se considera el bueno de una película que irremediablemente acabará mal, el tipo para el que se escriben las canciones de amor, las canciones tristes de amor. Sabe que, aunque deje de llover, seguirá habiendo charcos, y suspira. Los buenazos nunca triunfaron entre las mujeres... todas se arrepienten por ello, sí, y desean que les vaya bien, pero no con ellas. Y él sabe que ha sido y es un buenazo, un tipo sin malicia, incapaz de cuajar en una relación con una chica divertida. Su torpeza en la cama y el escaso tamaño de su polla terminan por espantar a las escasas mujeres a las que ha atraído. Odia que todo en la vida se reduzca al sexo y al comportamiento en la cama. Definitivamente está chapado a la antigua. Un hombre a la vieja usanza. Si esto es lo que le reserva el destino, es que es un gran hijo de puta, piensa, no sin razón. Pero seguirá luchando contra el destino, no dejándose dominar por él, como tampoco la lluvia pudo con su determinación de pasear. Comienza a caminar por la calle en busca de su coche... ya va siendo hora de dejar de lamentarse de si mismo, es demasiado hombre para eso, pero no para dejar de caminar solo. No camina de la misma forma en que llegó, sino con dignidad, poseé la calle y se siente un vaquero solitario que ha de continuar su camino, recorriendo poblados mientras sueña con la vida que no tuvo pero deseó, y guiando vacas sin la pretensión de algo que quizá no logrará; es el protagonista de aquellas películas de cine negro, ese que ha hecho lo que debía y aún así se ha quedado sólo, sabiendo que hará el ridículo si cuenta la verdad de sus nobles actos, abocado a seguir siendo un héroe en la sombra. De pronto, siente que tiene un gran sombrero que le protege la cabeza y casi le impide ver y una oscura gabardina que le llega hasta las rodillas, las zapatillas ahora son botas o zapatos oscuros y fuma un gran puro. El ridículo paraguas deja de tener sentido y la aparta, el agua fluye sobre su sombrero, cayendo las lágrimas una a una al suelo, a su paso. Llega a su coche y ríe. Sigue estando en Bilbao, la glorieta, no la ciudad; tiene su pelo medianamente corto empapado, al igual que su camiseta veraniega y sus zapatillas deportivas; el paraguas está en el suelo a su lado y la calle aún vacía, demasiado vacía. Está chapado a la antigua aunque él no lo eligiera, y es un mero romántico que ama la lluvia... sólo detesta que las nubes no le permitan ver la luna, ojalá estuviera llena. Mañana tendrá un buen resfriado.

1 comentario:

María Asenjo dijo...

Me gusta. Mucho. Respaldo tu propuesta al 100%. Quizás otros enfoques los conseguirías variando el tiempo de la narración, e incluso experimentando con los grados de acción, diégesis, etc. Besotes