domingo, 22 de julio de 2007

Cuento corto

Bueno, este es un cuento corto que escribí hace un tiempo, no sé qué tal estará, espero que os guste, aunque sea un poco largo para un blog es fácil de leer.

Por una mirada

Coches, casas, gente, motos, cristales rotos, una sonrisa, un rascacielos, un stop, prisa, luces, una mirada hacia delante, calma, gente corriendo, una mirada hacia el suelo, bares, una despedida,... Llevo prácticamente una vida observando todo lo que pasa a mi alrededor al volver a casa cada día en autobús, tras una larga y pesada tarde en el centro de estudios. Dejo volar mi imaginación, creando un inmenso mundo imaginario con los lugares que hubiera visitado esa gente, su historia, inventándome su vida por el simple hecho de no conocerla, sin necesidad de saber quienes son en realidad porque, en este caso, siempre me han resultado mejores las historia que creaba para ellos que sus propias vidas reales y monótonas, simples y complejas al mismo tiempo, llenas de vacíos e inmenso aburrimiento, superando la ficción creada por mí a su realidad. Y en este universo imaginario está ella, la reina de mi mundo, esa chica de mi edad que sube a mi autobús en la parada posterior a la mía, viene de sus clases de voleibol... o de yoga, tiene grandes amigos, los de toda la vida, gente cercana con la que puede relajarse y sentirse a gusto, decir lo que piensa sabiendo que ellos aceptarán aquello que diga y no la juzgarán, tiene una fuerte personalidad que la hace ser especial. Pero no tiene novio, por supuesto sí muchas oportunidades, pero en este momento ha decidido olvidar los ligues tontos para centrarse en una relación seria con alguien que no conoce, cercano a su ideal de imperfección, el cual aún se aleja mucho de mi descripción, pero que, quizá, con un par de hábiles retoques pueda parecerse a mí, y entonces llegaría mi oportunidad de acercarme a ella y decirle... decirle todo, aunque aún no sea nada. Desde hace mucho tiempo, no recuerdo cuánto, espero con ansia el momento del día en que ella sube al autobús, a mi autobús. Y ahí está ella, perfecta, sentada tranquilamente en su parada, pensando en ese que aún no soy, despreocupada... pantalones vaqueros, deportivas y una sudadera de un naranja no lo suficientemente llamativo como para chirriar ni lo suficientemente bonita como para resaltar su belleza, particularmente prefiero la roja, pero está tampoco le está del todo mal. Como casi siempre, al entrar en el autobús echa una mirada al fondo, buscando mi sitio y se encuentra con mi mirada, me sonríe, y me saluda. Por unos segundos, siento que estamos interconectados, mirada con mirada, sonrisa con sonrisa, me siento cómodo conmigo mismo, por un momento noto algo especial, pero tras saludarme se sienta y se pierde la magia, todo vuelve a su estado habitual. Yo sigo solo, aunque ese instante, ese par de segundos hacen increíbles los días normales, me dan fuerzas para levantarme cada mañana y seguir con mi vida.
Hace ya tiempo que me planteo la idea de ir a su lado, sentarme junto a ella y hablar, decirle algo, decirle todo... aunque aún no sea nada.
El único problema es que no sabría que decir, ya que no tengo nada que decir, al menos nada que merezca la pena oír. Yo sólo soy un chico tranquilo con una vida común e insulsa, no hay nada que haga especialmente bien, ni nada que haga horriblemente mal, nada que me sitúe por encima del resto, tanto que necesito imaginar las llamativas vidas de otros para dar color a los grises momentos insustanciales de la mía. Y eso no es decir mucho ni da mucho de qué hablar.
¿Y si yo no le gustara? Si le pareciera aburrido, yo... ¿Y por qué no iba a ser así? No puedo arriesgarme a perder esa sensación de cada día aunque dure sólo un segundo. ¿Pero que pierdo si no me atrevo a ganar nada? ¿Qué gano si no me arriesgo a perderlo todo?
Sí, voy a levantarme de mi asiento y me voy a sentar a su lado, le voy a decir mi nombre, le preguntaré el suyo y le pediré que me cuente cada cosa que le venga a la cabeza, cualquier detalle porque quiero saberlo todo. Soy consciente de que me puedo llevar un gran desengaño, desde la posibilidad de que rechace mi conversación, a que no lo haga pero que su mirada me ataque con indiferencia, lo que no tendría sentido ya que me sonríe siempre que entra en el autobús. ¿Cómo vas a rechazar una charla con alguien al que sonríes? Pero sí se puede dar la posibilidad de que le parezca un mal tema de conversación... eso sería normal, ya que incluso a mí me parece un tema horrible, lo lógico sería que se sintiera incómoda con mi interrogatorio... y si no se sintiera incómoda quizá dejara de ser el tipo de chica que deseo que sea, no, no le pediré que me cuente su vida. Supongo que estaría bien que mi conversación le aportara algo, no sé, se puede hablar de cualquier cosa, pero... ¿de qué? También podríamos no hablar de nada en especial, simplemente hablar, escuchar su voz y lo que piensa, decir cualquier tontería y poder mirarla a los ojos directamente y muy de cerca, sentir que me está mirando. Lo que más me aterra es que no tengamos nada de qué hablar y se produzca un incómodo silencio, mirarla a los ojos y que su mirada no brille como cada día, imaginar lo que piensa de ese chico que se sienta nervioso a su lado y no sabe qué decir, sin atreverse a expresar lo que siente.
Es posible que la mejor solución sea contarle la verdad... decirle que me atrae, que quiero conocerla, saber cada cosa de su vida y quizá algún día no muy lejano ser amigos... o algo más que amigos... si es que no tiene ya novio, que es algo muy probable. Las chicas como ellas pueden salir con cualquiera y pensando que tiene aproximadamente mi edad, seguro que hay una gran cantidad de chicos dos, tres o cinco años mayores que nosotros esperando la mejor oportunidad para estar con ella... si es que no lo están ya. También puede que no sea así. Es una lástima que yo tenga un sentido del ridículo tan desarrollado, otro en mi lugar ya se habría sentado a su lado. De todos modos... es ella la que entra después que yo en el autobús, y si no se sienta a mi lado quiere decir que prefiere estar sin mi compañía, a pesar de que me sonría al entrar. Entra y se sienta sola, mirando por la ventana durante todo el trayecto hasta que baja mientras escucha música o se pasa los cinco minutos de gloria que compartimos leyendo un libro, o una revista... Si quisiera estar sentada a mi lado no se pondría sola, puede que sea porque esté cansada de un día largo, o que sea tímida. Podría ser una chica tímida. Ojalá lo fuera, me atrae la timidez... además de proporcionarme más posibilidades de que no tenga novio. A pesar de todo, su mirada no concuerda con su posible timidez... aunque tampoco la niega. Ahora es el momento, sólo tengo que reunir todo el valor que haya en mi y acercarme a su lado, sonreírla y empezar a hablar. Lo que pase después no sólo dependerá de mí. ¿Estoy seguro de que quiero arriesgarme a corromper ese cruce especial de miradas? Sí, por supuesto. Quiero saber que hay detrás de su apariencia, poder disfrutar de su presencia cada día, poder contar con ella para todo, convertirla en la guardiana de mis secretos. Tengo que levantarme y acercarme a ella ahora o no tendré tiempo para decirla todo... aunque aún no sea nada. Intento levantarme, pero mis piernas sólo responden con un tímido temblor que me indica que no podrán sostenerse por si solas, intento tranquilizarme y aparentar que estoy tranquilo y lo intento de nuevo, noto mis manos húmedas, un sudor frío me recorre la frente, miro angustiado al asiento vacío situado a su lado, a mi sitio, al lugar donde podré por fin hablar con ella y disfrutar de su presencia, poner nombre y carácter a la imagen de mis sueños. Me seco el sudor de las manos y pienso en la mínima importancia que esto tendrá para ella. ¡Vamos! ¡Sólo será una conversación breve! Pero, aún así, no quiero que me vea tembloroso y asustado, dubitativo y quizá balbuceante... es posible que sea mejor probar suerte en otro momento. No, si no me atrevo ahora me costará aún más en el futuro, cuando lleve días, semanas o meses pensando en un momento sin importancia de tan sólo un par de minutos y haya creado una montaña de un grano de arena.
Ya es igual porque estamos llegando a mi parada. Me conformo con que se gire y me vea salir del autobús, que se despida con una amable sonrisa. Ahora las piernas sí me funcionan y el temblor desaparece. No ha podido ser.
Quizá mañana.

3 comentarios:

Marqués de la Sosa dijo...

Chus sólo me he leido un trozo, mañana intentaré alcanzar la cima... JAJAJA. Me está gustadndo, cuando termine ya te contaré. ¡Un abrzo fermoso!

María Asenjo dijo...

Está bien. Creo que está particularmente bien la parte en la que el chico intenta levantarse pero es incapaz. Ahí el cuento tiene algo de acción y coge intensidad. Podrías desarrollar la idea del posible diálogo con la chica, cuando dices que el prota podría sentirse cercano a ella sin hablar de nada en especial, solo escuchando su voz. Estaría padre (jeje...) que hicieras el diálogo, que no tiene por qué ser real, tratando de reflejar como uno supera los miedos e inseguridades, como dos personas pueden ser tan compatibles que sobran las conversaciones forzadas, que los silencios nunca son incómodos, son solo silencios gratos,agradables,necesarios.Como simplemente estando juntos, sonriendo de nuevo, sienten que no podrían estar mejor. Y estaría ya genial mostrar como uno puede idealizar e imaginar libremente, y como una acción real posterior sobre lo planeado puede ser mejor que esa idealizacion, porque es un ideal en tierra firme. Es muy tipica la idea esta de idealizar y luego llevarse el chasco, por eso estaria interesante darle la vuelta e intentar reflejar en un texto las expectativas cumplidas, no rebajadas ni un milimetro. Es dificil escribir bien algo asi, porque es como transmitir con palabras una esencia, algo que esta ahi y que solo sabemos sentir. Un dialogo final que refleje todo esto le daria la accion que le hace falta al cuento. Se hace un pelin larga toda la parte esta en el que el chico no sabe si ir o no por miedo a que no surja un tema de conversacion adecuado. Muy buena la exposicion en la que dices que colorear las vidas de personas desconocidas es un paliativo de ese mundo gris del personaje. Otra cosa: no te parece un buen punto de partida para tener la posibilidad de seguir el cuento tipo antes del amanecer??? Una última cosa: el tema de si ella tendra novio o no, con una vez vale. Creo que seria mejor que no le preocupara esa cuestion, que sus preocupaciones se centraran en si hablar con ella supondra una tremenda decepcion y una perdida irremediable de esa sonrisa, ese instante. Y lo dicho, lograr el dialogo que refleja las expectativas cumplidas culminaria un cuento genial. El posible novio que pueda tener ella le resbalaría al prota, porque puedes crear un mundo aparte, de dos. Y lo chungo es hacer partícipe de él a quien te lee.

María Asenjo dijo...

Ala, me pasao no? es que escribiéndolo no ocupa tanto como al publicarlo...un beso